jueves, 8 de septiembre de 2016

El futuro político de las FARC

Libardo Sánchez Gómez

Parece mentira que se organice una guerra, y que dure sesenta años, con la idea central de tener un espacio político; pues no se trata de un chiste sino de una parte de nuestra realidad macondiana, esa que le permitió al nobel Gabriel García Márquez escribir  Cien años de Soledad y “El Coronel no tiene quien le escriba”. Las FARC-EP nacieron y crecieron (¿morirán en el intento?) con la idea de hacer política, de   ser “políticos exitosos”.  Durante el largo periodo activo de la  confrontación armada la respectiva comandancia, el mayor tiempo en cabeza de su fundador Manuel Marulanda, intentaba entablar diálogos con el Gobierno de turno con miras a deponer las armas, pero la oligarquía por  un lado desconfiaba de las intenciones de los rebeldes y por otro   pensaba que tendrían que negociar y ceder sus privilegios; entonces,  cuando accedían a dialogar lo hacían para tomar ventaja militar, con la idea fija de derrotarlos militarmente.

Pero por fin se cumplió el anhelo,  Juan Manuel Santos les abrió la puerta al hermoso mundo de la política  donde, en palabras del mandatario,  podrán “disparar votos en vez de balas”.  Pero, como era de esperar,  las intenciones de éste vocero de la oligarquía no son las mejores,  recientemente ridiculizó las aspiraciones de los futuros políticos, decía en su mejor tono irónico: “pues vayan a ver que van hacer en elecciones, ¿van vender marxismo-leninismo? Eso… es algo trasnochado;   ¿Socialismo del Siglo XXI?  Ja ja, miren a Venezuela, que es el ejemplo de eso…” la oligarquía sabe de antemano que difícilmente podrán desenvolverse en la arena política, y si  lo logran  no los dejarán medrar.  Un sector  mayoritario de   rebeldes ha  aceptado hacer de la política  su forma de vida.  Se les augura éxitos en esa  actividad que, al decir de muchos, es sinónimo de criminalidad.  Ojalá  puedan demostrar lo contrario.  En Colombia, como en la mayor parte del mundo capitalista, la política no se ejerce para buscar soluciones generales sino para satisfacer ambiciones personales. Se busca llegar al parlamento y/o a la dirección del Estado, en sus distintos niveles,  para legislar y actuar a favor no sólo de la clase dominante sino de  intereses y privilegios muy particulares. Tradicionalmente los intereses de las distintas corrientes políticas ya sean progresistas o retardatarias, por lo general,   terminan amalgamadas en un mismo crisol;  y, salvo contadas excepciones, los representantes de los  sectores populares  actúan abiertamente en la misma dirección de la burguesía, mendigando mendrugos de pan y mermelada.

Aún no está clara la futura línea política de las FARC, como nunca lo estuvo  durante los sesenta años de guerra. Algunas veces se declararon revolucionarios marxistas leninistas, otras veces  lo negaron; eso   sí  dejaron  en claro  que la guerra no era  por el poder, ¿ahora como políticos tampoco lo buscarán?  No obstante,  con miras al futuro, las FARC deben tener en cuenta que quienes les apoyaron, principalmente  los campesinos, creyeron que la guerra apuntaba    a cambiar el mundo de violencia,  inequidad y pobreza  desde una posición revolucionaria.  Hace  unos días, se desconoce cuáles eran sus intenciones,  Iván Márquez    en un tuiter    escribió, “no duden que somos    socialistas”. Ojalá no sea un nudo más en el enredo ideológico por el que han trasegado  durante la vida guerrillera. ¿Se mantendrá esa línea? En todo caso, sea esta su brújula ideológica o no el   camino político a futuro de las FARC será extremadamente tortuoso.    Para tirios y troyanos, los guerrilleros siempre guerrilleros serán, así en la realidad  su intención no haya sido ni sea la de amenazar    seriamente  los privilegios de la clase hegemónica.  Si quieren seguir por el sendero de los partidos tradicionales liberal y conservador, su cauda política se puede esfumar antes de comenzar.  Por el lado de los políticos de    “izquierda”, pazólogos de profesión y potenciales aliados,   estos no creen  en el socialismo, les gusta el capitalismo “con  rostro humano”, y no les van a admitir muy cerca de  sus toldas construidas a la sombra  de los campamentos de la derecha.  Mientras en el mundo entero, incluido  los EEUU, se pone en primera línea el socialismo, como única  posibilidad que tienen las formas vivas incluido el hombre  para sobrevivir, en Colombia la izquierda prefiere el capitalismo depredador.  En este sentido Manuel E. Yepe (Elecciones en EE.UU. son distracción masiva.  2016) Opina: “Así como la angustia y desesperación se va haciendo cada vez más presionante para las masas de desposeídos en el mundo y presagian una inevitable insurrección popular a escala global, en el seno de Estados Unidos se hace más aguda la contradicción entre el 1% que lo domina todo y el 99% que no puede seguir engañado con mitos y trucos de la democracia representativa bajo control de los ricos”.   

Probablemente las FARC quieran acomodarse  en la socialdemocracia al lado del   Partido  Comunista Colombiano  (partido liberal chiquito) pero esta puede ser una alianza peligrosa,  los jerarcas desde siempre han gustado   establecer  alianzas con las clases en el poder. Por ejemplo, en el siglo pasado, lo hicieron con el retrógrado Gabriel Turbay en vez de hacerlo con el progresista JORGE Eliécer Gaitán.   Lozano, actual director del Semanario VOZ y máximo jerarca del Partido,    enciende una  vela  a dios y otra al diablo al mismo tiempo. En alguna oportunidad fue testigo estrella a favor de Cesar Pérez,  condenado como determinador de la masacre de miembros de la UP en Segovia. En aquella época, tratando de defender a Parez, dejó  entrever que había sido el ELN. Luego  funge como artífice de la entrega de las FARC; y, ahora,  través de VOZ se presta para hacerle el juego a la oligarquía,   acusa al ELN de asesinar un miembro del Partido, creando una matriz mediática en contra del ELN, para hacer que éste grupo insurgente, también, abandone la  lucha armada. Pero el ELN ha dejado en claro que no abandonará las armas hasta tanto no se lleven a cabo las transformaciones que remuevan las causas que les obligaron a tomarlas.

 Pero  la competencia política dura de las FARC la tendrá con los partidos de la   “izquierda light”,  como el Verde, variopinta amalgama  de políticos francamente reaccionarios. Entre los progresistas, que abrevan en fuentes izquierdistas, están Antonio Navarro y Claudia López, esta última declarada enemiga de las FARC. Por el lado del POLO, partido con una línea política difusa, sobresale Jorge Robledo habilidoso senador   de corte pequeño burgués defensor de los gremios y por ende del  modo de producción capitalista. Otro político sobresaliente del POLO, quien anda en este partido porque no hay más en el espectro de la “izquierda”,  es Iván Cepeda,      honesto y muy comprometido con las causas populares.  Pero dada  su soledad en el parlamento es una voz opositora inofensiva, por eso  la oligarquía lo cuida con esmero, pues lo  necesita para darle al Régimen un viso de democracia.    En cuanto a la UP, este Movimiento   murió en manos de una señora totalmente desorientada, quien admite que   le “gusta el capitalismo” y,  además, se mueve a la sombra de Lozano. En el “progresismo” será imposible prosperar, pues es un Movimiento  político construido por Gustavo Petro exclusivamente para  Gustavo Petro. Con quien sí podrán contar Las  FARC,  como  aliado confiable, es con la liberal Piedad Córdoba más revolucionaria y comunista que todos los “izquierdistas” y comunistas juntos,   a quien recientemente la Corte Suprema de Justicia restableció sus derechos políticos alevemente cercenados por el ex procurador Ordoñez.

Las FARC  tienen la posibilidad de perdurar como agrupación política cohesionada  por lo menos  durante un par de años, es decir, durante el tiempo que  el gobierno  les ayude a sobrevivir económicamente.  Si  la FARC POLÍTICA no   logra   interpretar los anhelos de la base popular, es decir, de  la izquierda   de los sectores revolucionarios, aquellos que quieren tomarse      el poder a nombre del pueblo excluido, para abolir el sistema capitalista e instaurar el socialismo, antes de lo esperado va a terminar atomizada y refundida entre los diversos movimientos y partidos políticos, incluido el Centro Democrático, como aconteció con ciertos miembros del M-19.

Hasta ahora se ha hablado de la FARC POLÍTICA,  nombre que una vez entreguen las armas debe ser cambiado, pues ya no serán más fuerzas armadas revolucionarias.  El nombre lo deberán conservar quienes perseveren en la lucha armada, tras  la toma del PODER para poder efectuar las transformaciones que la sociedad colombiana requiere.   Se espera que quienes  abandonen la causa tengan la gallardía de respetar la decisión de sus compañeros y compañeras y omitan las descalificaciones injuriosas.  Los  guerrilleros en armas, por el contrario,  han dicho de manera gallarda que respetan la decisión de los compañeros que se desmovilicen y les auguran éxitos en su actividad política.  Parece que se trata de un número respetable que se acerca a las dos mil unidades. En todo caso, es preferible un combatiente a plena luz que mil en la oscuridad.   No le hacen bien a la causa libertaria      quienes no están convencidos de lo que hacen, por eso el pueblo colombiano  debe votar masivamente por el SI  al plebiscito,  en el frente de combate seguramente quedará  únicamente gente que sabe lo que quiere.


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