miércoles, 28 de septiembre de 2016

Socialismo del Siglo XXI, Castro-chavismo, conciencia de clase y sentido común


Libardo Sánchez Gómez

Cuando se pensó que había llegado el “fin de la historia”,  es decir el eterno reinado del capitalismo, y eso era todo lo que la humanidad en materia de organización social había logrado,   el comandante Hugo Rafael Chávez  Frías,  con una profunda  conciencia de clase,  echó  andar de nuevo las ruedas de la historia,  poniendo en boca de todo el mundo la palabra SOCIALISMO. Pero Chávez fue más ingenioso, asumió la concepción de socialismo  expuesta     en 1996  por Heinz Dieterich Steffan llamada “Socialismo del Siglo XXI (desde luego que tiempo atrás ya se había hablado del mismo) la cual difiere del “Socialismo Real” aquel que llevó a la Unión Soviética a la cúspide, pero que fue echado a pique por la ambición personal de un puñado de burócratas, y el socialismo cierto, el científico, el dialéctico, el encargado de hacer avanzar la historia hacia una nueva forma de organización social sin dominadores ni dominados.  El Socialismo del Siglo XXI se identificó con la Revolución Bolivariana,  y fue apropiado por el comandante presidente Chávez, como una manera progresista  de direccionar recursos hacia la población más necesitada y, a su vez,  para resistir la voracidad del imperio norteamericano.   De acuerdo a Marta Harnecker,  “Chávez concebía el socialismo como un sistema económico centrado en el ser humano y no en la ganancia, con una cultura pluralista y anticonsumista en que el ser tuviese primacía sobre el tener. Un socialismo provisto de una democracia verdadera y profunda donde el pueblo asumiese el rol protagónico” (Venezuela: ¿Guerra económica o errores del Gobierno? 2016) Pero aunque  Chávez promoviese el socialismo todo quedó en la antesala: “consejos comunales (pequeños territorios autogestionados), los consejos de trabajadores, los consejos estudiantiles, los consejos campesinos”, pues  en realidad nunca, aún después de su asesinato,  se dio un paso cierto hacia la construcción de la sociedad socialista. La propiedad privada y la concentración de la riqueza siguen en pocas personas.   La  saludad y bienestar  social y   buena parte de los  servicios públicos son manejados por los particulares. El   proletariado es  dueño tan sólo de su fuerza de trabajo. Las decisiones que afectan la vida de todos los asociados se toman de manera totalmente vertical de tal manera que las comunidades son receptoras   y poca  o ninguna  oportunidad tienen para opinar acerca de lo que quieren o necesitan.  Y dado que el modelo capitalista sigue intacto igualmente los males inherentes al mismo siguen incólumes, la corrupción pública y privada  campea a lo largo y ancho del país y la violencia de todo tipo asoma en cada esquina.

El discurso socialista o, mejor, la Revolución Bolivariana   de corte antiimperialista,  asustó al imperio; en palabras del propio presidente Obama de una manera “inusual y extraordinaria”     (www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/.../150309_ultnot_eeuu_venezuel) Entonces, para contener al Chavismo, además, asociado con los hermanos Fidel y Raúl Castro, en lo que ese personaje siniestro Álvaro Uribe Vélez  ha dado en llamar  “Castro-chavismo”,  el imperio ha movilizado todo su arsenal estratégico. A nivel interno cuenta con la burguesía nostálgica de poder, capaz de todo con tal de hacerse de nuevo al mando del Estado, y en el exterior con personajes como el ex presidente Uribe mejor conocido como el No 82, por haber estado en la lista de extraditables de la DEA al lado de Pablo Escobar, número 79.  

El pueblo venezolano junto al aparato militar, que desde mucho tiempo atrás venía madurando su nivel de conciencia social, en década y media,  pudo   consolidar  la llamada “Revolución Bolivariana”.  Pero ante la inamovilidad social primero del mismo presidente Chávez y luego   de su sucesor Nicolás Maduro vino el desgaste de ese alto nivel  de conciencia lo mismo que del sentido común del pueblo, y en un arrebato de insensatez y nihilismo mandó al carajo las conquistas sociales, y en las urnas le dijo No al Socialismo del Siglo XXI. Esa derrota del “Castro-chavismo” es un signo de alerta, pues si no se avanza realmente en la transformación del modelo capitalista muy pronto en Venezuela llegará para siempre el “fin de la historia”.  Sectores  verdaderamente revolucionarios,  entienden que  la revolución no se hace   rezando y pregonando el bien, y saben que el capital se defenderá combinando todas las formas de lucha,  como la vieja burguesía apoyada por el imperio lo viene haciendo. El pueblo unas veces  de manera tácita (las urnas)  y otras explícitamente (manifestaciones de calle) le viene pidiendo al Gobierno socialismo verdadero, y si éste quiere sobrevivir no tiene otra alternativa que dar los primeros pasos. Tendrá que entregar a los trabajadores el manejo directo de las empresas, habrá que arrebatarle a la oligarquía el inmenso  poder mediático, con el cual  manipula la conciencia y la mente de la gente; los servicios públicos y el sector financiero deberán ser manejadas por el Estado. Y habrá que hacerlo así muera en el intento. Pero lo previsible es que el Gobierno influenciado por los   sectores conservadores dentro del mismo Estado siga,  a penas,  quejándose   y profundizando el asistencialismo. Mientras tanto el imperio y la burguesía acentuarán la violencia, el acaparamiento, desabastecimiento y parálisis del aparato productivo.

El control de la hiperinflación  será pieza fundamental para el futuro  del modelo chavista. Una  explicación al desborde de esta variable económica     está no en el alto grado de   gasto público e inversión social,  sino por un lado  en la paralización del aparato productivo   y  dependencia de las importaciones y por otro en que dichas importaciones  están manejadas por unas pocas firmas; Marta Harnecker cita a Cursio quien sostiene que, “…de hecho, existe una concentración de la producción, de las importaciones y de la distribución de los bienes y servicios en pocas manos: 3% de las unidades económicas registradas en el país controla las divisas para importaciones “.  Dice Marta que este puñado de importadores “fijan oligopólicamente los precios de los bienes que importan (bienes de primera necesidad, entre ellos los alimentos, y los requeridos para  la producción y el transporte) asumiendo el tipo de cambio paralelo que es mucho mayor (14,5 veces) al valor real de los productos estimado en moneda nacional”. Y la explicación a este manejo privilegiado no es otra que la incorregible  corrupción burocrática.  Así que la hiperinflación será el caballo de Troya en cuyas entrañas cabalga la derrota de la Revolución Bolivariana, pues ningún nivel de asistencialismo podrá competir con la pérdida de poder adquisitivo del pueblo en su conjunto,  el cual desesperanzado  creerá que la    vieja burguesía tiene la razón y que  “el Socialismo del Siglo XXI” no es más que un cuento de hadas. 

En Colombia la conciencia social y sentido común merecen capítulo aparte, pues no están en los genes de las mayorías.  La autollamada “izquierda” progresista es alérgica a los términos socialismo del Siglo XXI,  Castro-chavismo y Revolución Bolivariana, el sólo pronunciarlos les ampolla la lengua y la conciencia.   No  es socialista,  vive de las prebendas y “mermelada” que mendiga al Poder burgués de turno; además,  las banderas de las reivindicaciones sociales son utilizadas para su enriquecimiento personal. El Partido Comunista Colombiano no es comunista sino socialdemócrata y no cree en la combinación de las formas de lucha; precisamente, fue uno de los artífices principales para convencer a las FARC de abandonar la lucha armada. Por parte de la pobrería el sinsentido todavía es mayor, la gente que muere de hambre y adolece de todo tipo de carencias en los llamados  cinturones de miseria alrededor de las grandes, medianas y, aún, pequeñas ciudades, se mueve en las urnas al lado de la oligarquía. Lo mismo ocurre con los trabajadores y campesinos sin tierra.  Por eso la votación obtenida por la  izquierda electorera tradicionalmente es marginal. Y en cuanto   se refiere  a  la FARC POLÍTICA es de esperar que no sea diferente,  y más temprano que tarde terminará difuminada entre todos los movimientos y partidos del espectro político existente.  Por  el lado de la oligarquía si bien la conciencia  y odio de clase social  sí lo tiene  desarrollado de manera superlativa en cuanto al sentido común demuestra que éste no es tan común. Ante el ofrecimiento de rendición y entrega de las armas por parte de la guerrilla de las FARC, nada más ni nada menos que  la oligarquía terrateniente, esa que usurpa y acumula tierras,   en cabeza del pájaro mayor Álvaro Uribe Vélez se opone rotundamente a los acuerdos entre insurgentes y Gobierno. Pero que no se afanen, pues  tendrán que lidiar  con cinco Frentes, unas dos mil unidades, bien entrenadas y con alta conciencia y moral revolucionaria, quienes harán frente a sus tropelías.

Como conclusión hay que reiterar  que de no adelantarse de manera efectiva  la  construcción del Socialismo en Venezuela    muy pronto la burguesía tradicional recuperará  el poder, mientras tanto  en  Colombia desaparecidas las FARC el Castro-chavismo seguirá siendo la vergüenza de la “izquierda” y  el caballo de batalla de la derecha.   
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