martes, 19 de noviembre de 2013

Identificando al enemigo

Libardo Sánchez G.

Las conversaciones de  paz en La Habana entre las FARCEP y el gobierno colombiano, la  movilización de los campesinos en el Catatumbo, la de los campesinos del  Valle de Ubaté y Boyacá durante el Paro Agrario Nacional Agrario y, recientemente,   la de los indígenas, han puesto de relieve la  intensa lucha de clases  entre   el pueblo en general y las  castas dominantes,   que ejercen monopólicamente el poder del Estado. El desarrollo económico y social   desigual va construyendo a lo largo y ancho del país  franjas (estratos) sociales las cuales, unas veces, se tocan y otras se distancian. Últimamente los   productores agropecuarios   medianos se han sumado a las luchas  reivindicatorias de los pobres del campo y   mineros artesanales; las políticas gubernamentales amenazan peligrosamente   bienes e ingresos de las capas medias. La complejidad de la crisis social colombiana hace florecer increíbles sincretismos entre clases sociales distantes,  César Pachón,    principal  vocero  de los productores agrícolas de Ubaté y Boyacá, es uno de los más grandes cultivadores de papa en el país, y  el representante de los mineros   un empresario con ingresos mensuales superiores a los veinte millones de pesos.  ¿Qué  los   ata a los de ruana? Probablemente el temor de quedarse sin ruana. Los campesinos  criollos  acomodados   se han dado cuenta de   que bajo el comando del gran capital transnacional no hay opciones viables para ellos. Es claro que el móvil que guía a la clase dominante y que se ancla en la desregulación del mercado, la codicia y especulación del capital financiero  ha asustado al pueblo colombiano en general. Y la coyuntura ha dado para que César Pachón sea proclamado candidato a la presidencia, para demostrarle a Santos que el “tal pueblo” sí existe y no come cuento.

Los  campesinos,  mineros medianos y artesanales, pequeños transportadores, estudiantes y, en general,  todos los excluidos, enfrentan un “enemigo público” común. El término enemigo público se acuñó   durante  la Revolución francesa para designar a los enemigos del régimen y para la sustentación del terror. En Colombia al término hay que darle un giro de 360°, pues quien se comporta como enemigo  social  es el régimen.  El  régimen es  el “enemigo público”  porque en palabras de Fermín Gongeta,   “(…) nos ha arrebatado todas nuestras pertenencias, nuestros derechos, nuestras posibilidades de vida digna… nos han robado todo, hasta la vida”. Y es enemigo porque niega la gratuidad de la educación en todos los niveles; no ofrece salud y seguridad social a todos los colombianos; porque se opone a que haya   reforma agraria, para que la tierra esté en manos de quien la trabaja; porque entregó la soberanía al imperio USA y a las transnacionales.  Y no contentos con lo que ya quitaron, ahora, pretenden dirigir   el despojo hacia las clases que, aún, les queda algún patrimonio.   Según  el autor citado “el enemigo público”   roba siguiendo la lógica cristiana: “A quienes menos tienen, les roban para engrandecerse unos pocos. Muchos de ellos, de los ladrones públicos, siguen el pensamiento del Nazareno, cuando predijo: A todo aquel que tenga se le dará más; pero al que no tenga, aun lo que tiene se le quitará. (Evangelio según Lucas, 19,26)”.

Entre  telones   asoman la cabeza  otros enemigos públicos, y es bueno ponerlos frente al auditorio social,  en primer lugar están los políticos de todos los pelambres: de “izquierdas”, centro y derechas,  y le siguen una pléyade de burguesías: burguesía bancaria y financiera, industrial, agroindustrial y la burocrática, esta última tan dañina o más que los políticos. De acuerdo a Fernando Dorado, “Todas ellas, hacen parte de la oligarquía antinacional y entreguista de los intereses soberanos del pueblo colombiano”.

¿Por qué los políticos representan el enemigo público número uno? Lo primero que se puede decir es que  a través del parlamento no es posible realizar transformación social alguna, y, en cambio, los parlamentarios sirven como el instrumento ideal de las castas en el poder para apalancar sus políticas de despojo y entrega de recursos y  soberanía. Gracias, en buena medida,  a la clase política nuestra base social de obreros y campesinos forma parte de la masa proletaria universal de pobres, oprimidos y explotados.    ¿Son  responsables  solamente los políticos  de derecha? Desafortunadamente,  también, son responsables los  representantes de la llamada  “izquierda”, pues una vez acomodados en el parlamento, no jalonan un corrimiento hacia la izquierda del mundo sino todo lo contrario, y al no tener eco sus opiniones (oposición) la gente termina creyendo que izquierda y derecha son lo mismo. Sorj Chalandon (Premio Albert-Londres en 1988) dice que: “El político es presa del cuarto muro, el que impide al actor intimar con el público. Ellos teatralizan la vida de los demás, de quienes les han votado, pero no viven su tragedia permanente, sino que se refugian, y se aprovechan de ella”. Gongeta resalta la advertencia de Platón quien pensaba que los políticos en el parlamento no sólo son enemigos sino que “la mayoría de los hombres en el poder, se convierten en peligrosos”. Él mismo dice que  “la historia se repite a través de todos los siglos.  Es cierto,  piden serenidad y obediencia.  Nos quieren dóciles. Hacen de sus instituciones y de sus leyes los paraísos de su poder, construido sobre nuestra pasividad. Su mundo se detiene en la frontera de su piel”.

¿Cómo se ha dado la sumatoria para conformar el gran  “enemigo público” en cabeza de la clase dominante? inicialmente estuvo conformado  por los grandes propietarios tradicionales de latifundios, luego se sumaron los grandes terratenientes emergentes  quienes se apropiaron   de manera ilegal  de las tierras  de los campesinos; y a partir de los años 80s y 90s del siglo pasado se fundieron  con la burguesía industrial, agro-industrial y la bancaria, “alimentada  también por los dineros provenientes del narcotráfico   convirtiéndose en la burguesía financiera transnacionalizada que hoy domina la nación” (Fernando Dorado)

El  modelo de producción capitalista, enemigo público de toda  la humanidad,   zurce una manta neoliberal  con hilos de  violencia y pobreza física y moral,  enredando en la rueca de la explotación del hombre por el hombre el futuro de las mayorías.

El Águila imperial funge como el enemigo absoluto, ha puesto sus garras sobre el planeta tierra imponiendo el modelo globalizador, y es quien se lleva nuestros recursos y sostiene a las castas vándalas en el poder.  

Para cualquier lector  existe la inquietud acerca de si se han escogido correctamente los “enemigos públicos” y si son y están todos. No hay que olvidar que, a escala global, a partir del 11 de septiembre, día del ataque a las Torres Gemelas (el más grande falso positivo en la historia del hombre sobre la Tierra)  el Departamento de Defensa de EEUU parió al enemigo de toda la humanidad: “el terrorismo”; el temible monstruo está encarnado por cualquier opositor al  establishmen o por quien, siquiera, se atreva a cuestionar a las castas en el poder.  En Colombia  los principales opositores al régimen,   los alzados en armas,  fueron convertidos  en “terroristas”, y, por tanto, en los  principales enemigos públicos;  el ex presidente Uribe se refería a ellos como “los terroristas de la … JAR…”, y   les acusó de ser los responsables de los males pasados, presentes y futuros.  Cosas de la vida,   ahora, en La Habana los insurgentes  están dando los primeros pasos hacia la incorporación al sistema, para dejar  de ser terroristas. El solo hecho de sentarse  a conversar, aceptando que no se discutan cambios estructurales económicos, sociales, políticos y jurídicos, es un indicativo de sus intenciones de asimilarse al modelo. Y si esto ocurre  pronto los veremos convertidos en politólogos y en acérrimos enemigos del uso de las armas como medio para acceder al poder; así ha ocurrido con todos aquellos que un día empuñaron el fúsil y luego abandonaron las filas insurgentes.  Entonces,   muy pronto, los miembros de la FARC EP, que se desmovilicen,   se convertirán   en actores políticos bajo las reglas del establecimiento y,  Probablemente, bajo la dinámica del modelo muchos de ellos, también, se convertirán en enemigos de sus compatriotas no afectos al sistema. 


 Antes que, lo que parece inevitable, ocurra y para que las FARC EP  reflexionen sobre el paso que van a dar, y no terminen convirtiéndose en   futuros enemigos públicos, es bueno recordar lo que “Tejido de Comunicación – ACIN” dijo recientemente: -“No venderse, no rendirse y no dejarse engañar” son las enseñanzas prácticas de quienes jamás caen en la trampa que tienden los malos gobiernos y sus cómplices, vengan de donde vengan”. También afirman: “(…) Es que, en últimas, no luchamos para que nos den un espacio en el proyecto de muerte ni cargos en los malos gobiernos, sino para que nuestros planes de vida y nuestros buenos gobiernos los reemplacen para siempre” (NOS LEVANTAMOS EN MINGA PARA NO SEGUIR SIENDO LO QUE NUNCA HEMOS SIDO)
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