domingo, 8 de junio de 2014

¿La mal llamada izquierda colombiana tras la paz o tras una cucharadita de la mermelada de Santos?

 Libardo Sánchez Gómez

La alineación de la mal llamada izquierda en torno a la paz santista evidenció la colosal inconsistencia ideológica y conceptual o, por lo menos, la alta dosis de ingenuidad y/o oportunismo, de aquellos  que se hacen llamar izquierdistas o “izquierdoides” en Colombia. También quedó en claro que tras ese fervor por la paz Santista  hay un  velado anhelo por lograr una cucharadita de mermelada.   Todo el mundo coincide en que la diferencia entre la  solución a la guerra civil colombiana propuesta por Santos y la de    Zuluaga    “…no es más que una farsa, un escenario mediático que pretende trasladar a la inmensa mayoría de colombianos, la responsabilidad por una guerra de la que los únicos responsables son las dos facciones políticas oligárquicas y violentas que se disputan hoy el control del Estado en Colombia”  (Timoleón Jimenez Timochenco. Del dilema mediático al dilema real. Anncol, Junio 06 de 2014) El mismo Timochenco hace ver “…que el Presidente Santos fungió como ministro estrella del segundo gobierno de Álvaro Uribe Vélez, que fue él quien anunció con júbilo al país el ataque del 8 de marzo de 2008 en Sucumbíos, que no puede evadir su responsabilidad en las repudiables crímenes denominados falsos positivos, que fue él quien al tiempo de comunicar la muerte del Comandante Jorge Briceño, conminó furioso a la rendición y entrega de las FARC, so pena de ir a por ellas, que fue él quien ordenó el asesinato del Comandante Alfonso Cano mientras intercambiaban mensajes en torno a un posible proceso de conversaciones, y quien incluso reconoció haber llorado de felicidad al conocer la noticia. Mal puede presentarse como el hombre de la paz”. Y se sabe de sobra que la paz de Juan Manuel no es más que un caramelo reeleccionista, el que se agotará una vez pasen las elecciones salga quien salga elegido. Post elecciones presidenciales, vendrán los inamovibles del régimen, no dejar de lado que no será Santos ni Zuluaga quienes decidirán qué acordar con la insurgencia;  eso   depende de los intereses de dominación geoestratégica del Pentágono.  Siguiendo  a Timochenco, “Santos menosprecia cualquier reforma de amplio contenido democrático, o que implique el menor cambio en la inequitativa distribución de la tierra y la riqueza en el país”.  Así mismo sostiene  el jefe guerrillero que la paz de Santos,  “implica necesariamente que todo siga igual. Que no se toquen para nada las causas que han originado la confrontación del último medio siglo en Colombia”; y agrega, “…no escuchamos una sola palabra de sus labios que significara algún estímulo esperanzador o que tuviera la aptitud de inspirar confianza en los sectores populares afectados por las políticas de su gobierno”.

Queda claro que,  al final de la partida, Santos y Zuluaga expelerán el mismo miasma putrefacto de los cadáveres de campesinos y luchadores sociales que dejen militares y paramilitares regados por campos y ciudades a lo largo y ancho de la nación, pues si las FARC no deponen las armas tan solo por algo de plata y unas cuantas  curules la guerra se prolongará ad infinitum.

Es interesante escudriñar un poco acerca de la motivación interna que llevó a los diferentes partidos y movimientos sociales y políticos a sellar el consenso universal en torno de la paz de Juan Manuel Santos. En la flamante jefa del Polo Democrático, Clara López, miembro  del clan del 1% que domina al país, es entendible su voto por Santos tanto por afinidad de clase como por sacarse el clavo con su antiguo novio  Álvaro  Uribe Vélez, dueño del Centro Democrático, por haberla traicionado con Lina. Respecto de la jefa de La Unión Patriótica la señora Aida Avella ésta llegó un poco desorientada (atarantada diría mi abuelo) luego del prolongado exilio en Europa, tanto que, con su reciente aventura electorera, logró  la extinción definitiva de la UP.  Del Polo Democrático, en honor a la verdad, hay que reconocer la coherencia del senador  Jorge Enrique Robledo (de oposición pero no de izquierda) un capitalista socialdemócrata de talante keynnesiano alejado de cualquier concepción socialista, quien no se dejó arrastrar por la marea santista; Robledo, manifestó de manera tajante que nada le identificaba con Juan Manuel.


En cuanto a los  jerarcas del partido Comunista históricamente han sido proclives a las alianzas con la derecha e incluso con sectores de ultraderecha (recordar la alianza con el jefe paramilitar César Pérez: http://libsang-elviajeroysusombra.blogspot.com/2013/06/no-me-muevo-y-punto-porque-no-puedo.html)) luego no es raro en ellos el fervor por la paz santista; el propio Lozano dice que “La paz es Posible” y que, a toda costa,  hay que firmarla,  sin importar mucho lo que se logre a cambio de la dejación de armas.

No es de extrañar tampoco la actitud de varios jefes de algunos sectores indígenas (Acin,  Cric,   Proyecto Nasa,  Proyecto Global y algunos autoridades de los cabildos indígenas) los cuales generalmente avanzan por caminos separados de sus bases como lo ha  denunciado la    COORDINACIÓN DE ASOCIACIONES INDÍGENAS DEL CAUCA CAIC (http://libsang-elviajeroysusombra.blogspot.com/2013/05/la-rebelion-de-las-bases.html)   

La  posición a favor de la paz de Juan Manuel Santos de  los sectores agrarios es variopinta; la abrupta terminación del Paro Agrario Nacional, dejó en el ambiente la sensación de alineación de los campesinos al lado de Santos; pero algunos voceros de Dignidades Agropecuarias han hecho explícita su adhesión a Zuluaga. A  través del twitter los campesinos  le advierten   a César Pérez: “cuidado con torcer la rabadilla” y éste contesta: “Cuando estaba Uribe si no eras uribista te acusaban de guerrillero. Si ahora no estás con Santos te acusan de uribista. Basta de desinformar”,  y afirma claramente que no está ni con uno ni con otro candidato. Varios de los  voceros agrarios representan a las clases de campesinos pudientes (Dignidades Agropecuarias) y no son tan difíciles de caramelear ya que sus aspiraciones no van más allá de que se les mejoren las condiciones de competitividad, es decir, sus ingresos, este grupo no busca  solo la mermelada de Santos sino las promesas de guerra de Zuluaga; no obstante,  la gran mayoría (Cumbre Agraria, Campesinos del Catatumbo, etc.) representan a los pequeños campesinos y a los sin tierra; y es de esperar que la mayoría de estos líderes del sector rural no se dejarán confundir con los cantos de guerra y paz  de uno y otro candidato. La paz, entre otros, es tierra para el que la trabaja, es no paramilitarismo, es no  entrega de los recursos y la soberanía a las potencias extranjeras; paz, también,  es no a los TLc’s indiscriminados; paz es educación y salud gratuitas; y nada de eso se podrá lograr con Santos ni, por supuesto, con Zuluaga.


Como punto final al cuento de la paz santista viene a la mente una pregunta de hondo calado al comandante  Timochenco, ¿si se sabe que ni Santos ni Zuluaga pueden firmar acuerdos que impliquen transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales al modelo actual a favor de las mayorías, qué siguen haciendo las FARC en La Habana?
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