miércoles, 5 de febrero de 2014

¿Catalepsia del Sector Agrario?


Libardo Sánchez Gómez

Ad portas de nuevas elecciones en las que, seguramente, se  reelegirá al presidente juan Manuel Santos y a la mayoría de parlamentarios,  el país vive una calma chicha, sacudida a medias por el ucase  inquisitorio del procurador Ordoñez en contra del Alcalde mayor de Bogotá Gustavo Petro y por las “chuzadas” del ejército a líderes de izquierda y a los mismos “chuzadores”. El asunto de las chuzadas a los opositores,   al igual que el paramilitarismo, es una política de Estado de vieja data. Sólo que esta vez se le salió de madre a Juan Manuel Santos, pues el infantil  ministro de guerra Pinzón realizó la travesura de dejarle llegar la información al ex-extraditable No.82, de tal manera que los chuzadores resultaron chuzados. Sabido es que los interlocutores de los insurgentes llevan nano cámaras y  grabadoras escondidas entre los dientes, uñas, solapas y estilógrafos, la información captada es suministrada a la “sala gris”, léase central de interceptaciones del Ejército Nacional (Revista Semana.com) y a la ciber inteligencia gringa.  Y ojo guerrilleros con los apretones de mano de la contraparte, a desinfectarse electrónica y radiológicamente, pueden llevar micro-agujas oncogénicas hipodérmicas, como las que inyectaron el cáncer  a Hugo Chávez.
  
Juan Manuel Santos    a lo largo del 2013 enfrentó imparables protestas de diversos actores sociales, pero principalmente de los productores rurales; estos últimos amenazaron, en su momento, el futuro político del presidente; en aquellos días nadie daba un maravedí por su futura reelección. Pero hábilmente   pudo sentar  a los campesinos en varias    mesas de negociación,  y con calculadas promesas logró adormecer  a cafetaleros, lecheros,  paperos,  mineros artesanales y pequeños transportadores. A pesar que el TLC con los gringos, florero de Llorente del alzamiento campesino, no ha sido modificado ni en una coma y que su desbocada locomotora  minero energética sigue a todo vapor, la resurrección de Santos es casi completa, y no tiene a la vista contendor que   amenace su palaciega estadía en la  Casa de Nariño.      Parece  que los diversos sectores agrarios inconformes    hubiesen entrado en un profundo estado cataléptico de carácter global.  Al respecto,   Andrés Dávila L (razón pública.com) dice:  “(…) pese al auge de la movilización social en 2013, resulta interesante ver cómo, de manera incluso ritual, mientras se adelanta el proceso electoral se ponen en stand by toda la agitación, todas las demandas, todo el impulso para desafiar al gobierno o al sistema. Hay una desconexión entre el sistema político y la situación social, es innegable, pero también unos canales que propician lo planteado”. Da la impresión que no se quisiera alterar el ánimo   electorero ni desafiar al destino, con la  masoquista esperanza de que Juan Manuel Santos sea quien continúe dándole  látigo al pueblo colombiano. Desde luego que son sólo apariencias, pues Dignidad Papera, que representa al sector rural de Boyacá y Valles de Ubaté y la Mesa Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo – MIA han estado muy activas; los paperos hace unos días confrontaron en Tunja al candidato al senado el  ex presidente Álvaro Uribe, desnudando la pobreza moral e intelectual del “patrón” del ultraderechista partido Centro democrático.   Los  voceros de las mesas agrarias son sometidos a todo tipo de amenazas por parte del Estado, han detenido y encarcelado a varios de sus miembros acusándoles de ser  “Guerrilleros sin fusil pero armados con ideas”, “asunto más peligroso”,  según la fiscal del caso. A la fecha, las bandas paramilitares, por la cabeza de César Pachón, líder   visible de Dignidad Papera, ofrecen la friolera de 300 millones de pesos y por las del resto de voceros la suma de treinta y cinco millones.

 Los negociadores de la insurgencia en La Habana, actores de primer orden  de la realidad social que sacude a Colombia, también, saben  que  ni Santos ni ningún otro demonio   podrá   pactar nada con   sector social alguno; las decisiones fundamentales tendrán que discutirse directamente con Washington, Bogotá es un actor mudo incapaz de cambiar siquiera una letra al TLC, que permita aliviar la tragedia campesina;  a los títeres locales no les está permitido incidir sobre los intereses geoestratégicos de dominación global del imperio. El tamaño de las fuerzas militares, la presencia   militar USA  y de   las transnacionales a lo largo y ancho del país, el uso de bombas inteligentes contra el pueblo en armas  y el modelo neoliberal, no se discuten con los vasallos criollos. Pero la dignidad indica que el pueblo colombiano no tiene porqué negociar la soberanía  con ningún gobierno extranjero.   Así de tozuda es la realidad, no hay algo que se pueda negociar con las castas vándalas en el poder. Y da  lo mismo que asuma la presidencia el “falsamente positivo” Santos, el zombi Oscar Iván Zuloaga o la “bruja del 71”, como cariñosamente le dicen sus   seguidores, Marta Lucía Ramírez. La situación es que así  la insurgencia armada se desmovilice y los productores rurales se conformen con que el gobierno les compre unos bultos de papa y unos litros de leche nada cambiará, los cambios estructurales  vendrán después de otros años de arduas luchas populares.

Para conocer de cerca lo que está  pensando  el sector campesino de los Valles de Ubaté respecto de las próximas elecciones  volví a conversar con algunas de las personas que, con motivo del Para Agrario Nacional, me habían dado su opinión acerca de lo que estaba aconteciendo en aquel entonces (http://libsang-elviajeroysusombra.blogspot.com/search?updated-max=2013-09-29T17:22:00-07:00&max-results=7&start=31&by-date=false.) Doña María Gómez del sector  de las Juntas    Carupa, vecina de César Pachón,  mientras degustábamos un café cerrero, con desparpajo, acerca de la intención de voto en la zona, dijo _”mire sumercé… , yo no tengo tiempo p’a  perdeloo… en pendejadas P’al  señor presidente  y los congresistas    los campesinos solamente esistimos… un tantico…  antes de las elecciones y después desparecemos como desparece  el Fantasma del páramo”.
  
Le agradecí su opinión y la amarga pero reconfortante taza de café proveniente de Coper;  a propósito, los cafetaleros de este municipio, que sirve de muga entre Cundinamarca  y Boyacá, no existen ni siquiera para la paralítica Federación de Cafeteros.  Sin  hacer ningún otro comentario, enrumbé  con dirección a la vereda de Hato Viejo de Sutatausa. Hacia el mediodía el sol  en esa zona paramuna  ardía sobre el lomo de  jinete y caballo  como pinceladas de ají en carne viva.

Alrededor de la una arribé a la casa de don Arístides Villamil. Allí se encontraba, también,  de visita el zagalón Jaime Montaño, el mismo campirano que meses atrás me había dicho que no participaba en el Paro Agrario Nacional  porque  ya no   contaban como paperos,  “… de qué nos sirve hacernos pegar de la policía”; la papa que  cosechan   a duras penas satisface la demanda familiar;  también, me manifestó que   la guerrilla nos los recibía “porque… no servimos ni p’a  disparar papas bomba”.  Una copa doble de guaro destilado en un “sacatín” familiar (alambique rústico elaborado en madera de chusque) fue suficiente para desaparecer el sofoco.  Luego de hablar del intenso verano y de los bajos precios de la papa terminamos opinando sobre política. Y mientras el guaro apagaba  al sol  iba despertando la lengua.  Arístides, quien  cultiva papa “en grande”, contó que  “Dignidad Papera,  está promoviendo el voto en blanco”.  Y que si gana el voto en blanco     la intención es que cuando se repitan las elecciones nadie salga a votar.  Tras  beber en fondo blanco un vaso de guaro,  Arístides sentenció _ “P’a qué perder el voto…  una sola golondrina no hace llover”. Tampoco hice comentario alguno a las palabras que, bajo los efectos del guaro, pronunció el papero Arístides.

Cuando  el sol en la lontananza remontaba el páramo de Yasquín en  límites de Tausa y San Cayetano  decidimos con Jaime emprender camino hacia Chipaquín donde había dejado el campero en casa de la vieja Fortunata, madre del amigo labriego.   Menos mal que los rocinantes conocían bien los riscos de la peña de la Chipa, y bajaban con los frenos  bien puestos en las cuatro patas. Afortunadamente para manejar caballo, aún, no se necita jinete elegido, pues con la jala que llevábamos nos hubiesen confiscado los jamelgos. A eso de las seis de una  tarde  arrebolada  estábamos cabalgando por Pedregal, allí Jaime me indicó el barbecho donde los gringos, en el año2004  iniciando el primer mandato de Álvaro Uribe, con sus bombas de precisión desde el avión fantasma dejaron esparcidos los restos de más de 60 labriegos y guerrilleros mientras  cosechaban papa.


La vieja Fortunata estaba preocupada porque demorábamos más de la cuenta;   Ella conocía bien a su hijo, “cada vez que visita   al Arístides   es un milagro que no ruede por la Chipa”.  Nos tenía preparada una agua aromática de yerbabuena y papayuela, “güena…  p’a las  borracheras”. A la cena nos sirvió el conejo sudado del almuerzo.  Entre bocado y bocado fuimos tocando el tema de las próximas elecciones. La vieja Fortunata expuso sin tapujo su posición, _”Qué voto ni qué ocho cuartos, con este dolor de caderas que voy a  ir a martizaame por naa..”.  Mientras   agotaba el último sorbo de la pócima mágica_  con inusitada resolución  Jaime agregó, _  “no creo que tengan tanta plata p’a  pagar por la cabeza de toiticos los campesinos que tamos  listos p’a volver el Paro; esta vez sí voy a trompiar… con el ESMAD,  ya tengo lista mi honda de bejuco de tobachín”.   
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