viernes, 14 de junio de 2013

PREOCUPACIONES CENTRALES DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES EN LATINOAMÉRICA


Libardo Sánchez Gómez*

Desde la Patagonia hasta el sur del río Bravo existe en el seno de los movimientos sociales de la izquierda real (hay que  aclarar que en todos los países hay movimientos de derecha que asumen, en ciertas circunstancias, posiciones de izquierda, y se mimetizan causando más daño a los procesos de transformación social que la misma derecha) existe una angustia que los tiene mordiéndose las uñas; dos son los motivos de ansiedad, uno es la real posibilidad de que la FARC-EP entregue en La Habana las armas; y  el otro, no menos azaroso, que el presidente de Venezuela Nicolás maduro, por un lado no pueda enfrentar exitosamente la arremetida de las derechas venezolana y colombiana y el acoso del imperio USA, y por otro, que no avance significativamente en el proceso dialéctico de la transformación del modelo de producción capitalista hacia el socialista, que tanto se pregona, causando desilusión y desaliento en los pueblos oprimidos.

 Las  FARC-EP repiten un intento por lograr transformaciones estructurales, sociales, económicas y políticas sin acudir a las armas, primero lo intentaron, firmando en la Uribe Meta el 28 de marzo de 1984 un Acuerdo de Cese al Fuego y Tregua.  Pero, hoy como ayer,  se cuenta con la oposición de la derecha latifundista militarista y la “reticencia del Congreso en la aprobación de reformas que favorezcan el proceso…” Iván David Ortiz Palacios (EL Genocidio Político contra la Unión Patriótica. Visto por la prensa escrita 1984-2004. 2007)  Desde su nacimiento las FARC-EP luchan por tomarse el poder para “llevar a Colombia al ejercicio pleno de su soberanía nacional y hacer vigente la soberanía popular…” (Arenas Jacobo. Diario de la resistencia de Marquetalia. Praga, Editorial Paz y socialismo. 1969) Así mismo pasado y presenten se funden en el mismo crisol: “debilidad gubernamental, incapacidad para manejar la institucionalidad militar” Pizarro Eduardo. 1986. Y a esto hay que agregar la colonización de la oligarquía, y,  a través de ésta, de la patria toda por parte del imperio USA, limitando los alcances como negociador al Gobierno.  En marzo 16 de 1985 en el periódico El Espectador. Sección Bogotá. Pág. 3. Publica: “El gobierno ha roto los acuerdos de paz”, en éste las FARC-EP se quejan de que: “… las causas del incumplimiento de los Acuerdos… al hecho de que algunos sectores políticos y económicos y hegemónicos seguían actuando conforme a la “política belicista” de Estados Unidos”, y aseveraban que “la ofensiva contra la política de paz en Colombia provenía   “sin lugar a dudas del Pentágono norteamericano”. Por lo visto la historia se ha detenido. Y respecto del “papel que cumplieron los medios de comunicación: radiales, televisivos y de prensa escrita, estuvo plegado a intereses particulares, la imparcialidad no fue su característica…” (Ibídem) ( pareciera que vivimos en 1984)

La historia permanece estática tanto que  Santos es un   remedo exacto del Belisario Betancur de 1984: “radicalizador de antagonismos, perpetrador de crímenes, contradictorio, incumplido y mentiroso” (extractado de El Genocidio Político contra la Unión Patriótica. 2007. Pág. 16)   Luego se repitieron otros intentos por alcanzar la paz negociada, pero todos fracasaron    porque la burguesía se inventa cualquier pretexto para terminar los diálogos.

Respecto de las FARC-EP el recelo en Latinoamérica se finca en que, según lo dado a conocer a la opinión pública, ya prácticamente quedó acordado el primer punto de la agenda. Y de acuerdo a lo sabido la oligarquía solamente cedió en el tema de forma, al fin y al cabo, lo acordado ya está incluido en la legislación colombiana, sólo que se necesitaba una guerra de cincuenta años para que el excluyente régimen de terror  acepte cumplir sus propias normas. Pero en lo de fondo no cede ni un milímetro, la estructura de tenencia de la tierra no se toca.   Eso significa que los Laforie de todos los pelambres seguirán usando la tierra como alcancía para esconder sus riquezas mal habidas, y no para generar beneficio social  a través de la producción de alimentos. Mientras la tierra no pase a manos del estado en Colombia habrá guerra, así ahora se depongan las armas la tierra es pan y  será inevitable pelear por él. Habrá paz sí y solo sí la tierra está en manos del que la trabaja. Eso piensa y siente la izquierda latinoamericana,  habiéndolo expresado en diversos foros y encuentros. 
 
 Y si en el primer punto, el más neurálgico de las negociaciones, el gobierno quedó intacto, qué se puede esperar de lo que queda por negociar. Por ejemplo, respecto de la soberanía nacional, ese ítem no se debe tratar con el gobierno colombiano, pues es puramente del interés del imperio USA, no nos llamemos a engaño,  Santos está atado para negociar el retiro de las bases gringas y el tamaño y equipamiento de las fuerzas militares, estas son parte de los planes geoestratégicos de dominación global USA. Nuestros hombres son  punta de lanza en una posible invasión al díscolo vecino venezolano, ¿y, algún día,  al gigante emergente Brasil? Los intentos de ingreso en la criminal OTAN y la alianza con Israel, peligroso cancerbero de los gringos en el Medio Oriente, refuerzan los temores.  En cuanto al modelo neoliberal expresado en la globalización total de la economía lograda a través de los desequilibrados Tratados de Libre Comercio TLC con EEUU, Europa, Canadá, Corea del Sur y, últimamente, con Israel, Colombia no quiere ni puede cambiar de modelo; además,  el gobierno no sabe cómo recular.

Hay consenso entre la izquierda que, en Latinoamérica, la única manera de quitarnos de la espalda el sin número de compañías transnacionales que han venido por nuestros recursos  es mediante una guerra de descolonización. Muchos  están viendo en las armas el único camino a seguir.

 En lo que, tal vez, pueda ceder la oligarquía es parcialmente en el tema de la participación política, básicamente en lo relacionado con  las curules, pues se sabe hasta la saciedad que a través del parlamento sus intereses permanecerán intocables; no obstante, la guerrilla ha dicho que no están pidiendo nada de esto para ellos. 

 Un ingrediente que, de una u otra manera, incide en los resultados de los posibles  acuerdos en La Habana  es el referido al trajín electoral. Para tratar de diluir sus efectos las FARC-EP  han propuesto un medio tiempo de alargue de un año, pero el eco no creo que alcance a las derechas ni a las “izquierdas”. Hay para repartir un llamativo ponqué. Unos y otros agitan las banderas de la paz, unos esperan recoger votos oponiéndose a ella  y otros apoyando la “paz con justicia social” más como eslogan que por convencimiento. Las únicas que, por lo que se lee en su página Web, no han querido entrar al juego de la ruleta electorera son las bases de la Unión Patriótica y, últimamente, parece que El Congreso de los Pueblos se retira del afán electorero de Marcha Patriótica, esto último está por confirmar.

 Las FARC-EP están esperando que el pueblo se mueva, pues hasta ahora han estado peleando relativamente solos contra los molinos de viento de la indiferencia de las masas. Y  hoy,  precisamente, algunos de los que se dicen no sentirse  representados por las FARC-EP en La Habana, ante el espejismo de las elecciones,  son los que están liderando las banderas de la “paz con justicia social”. Esta es la pura verdad,  los sanedrines de derecha e “Izquierda”, muy lejos de las bases, son los que están sacudiendo a las masas de acuerdo a sus ilimitados intereses.   Por lo que sigue en pie el llamado a las bases de los pueblos indígenas, del Polo democrático Alternativo, de Marcha Patriótica, del Partido y Juventud Comunista, de los Afro-descendientes, de los campesinos, de los estudiantes, de las amas de casa y de todos los que no pertenecen a ningún apartido político o movimiento social, a confluir el 13, 14 y 15 de septiembre al anunciado V Congreso de La Unión Patriótica, allí les estará esperando la oportunidad para delinear a su gusto el futuro que el pueblo quiere, alejados de cualquier líder mesiánico tradicional acostumbrado al manejo vertical de las organizaciones en beneficio personal. Desde hace muchos años los que han venido liderando los movimientos sociales, mal llamados de oposición de izquierda, no han logrado la más mínima transformación socio-económica amén de algunas triviales reivindicaciones; y todos, invariablemente, han terminado bien acomodados en el régimen.

 Respecto del gobierno Bolivariano la angustia es mayor, pues hasta ahora fuera de quejarse es muy poco lo que Nicolás Maduro  ha hecho para neutralizar a la sanguinaria derecha colombiana encabezada por el narco extraditable No. 82, y para enfrentar a la ávida de poder  oligarquía venezolana.  Qué espera para impedir la entrada de colombianos a Venezuela, así sean mis compatriotas, entendemos que, en un momento álgido donde peligra la Patria, es preciso poner talanqueras a la entrada de paramilitares. Qué espera para cerrar la frontera con Colombia, ¿de qué otra manera puede impedir que saquen de contrabando los productos de primera necesidad?   ¿Cuándo va a cambiar la guardia de fronteras? Casi todo el contrabando decomisado ha sido de este lado de la frontera. 

 En cuanto a la superación dialéctica del modelo capitalista sí que Maduro anda a años luz. Se olvidó que hay que seguir fortaleciendo el estado mediante la nacionalización de toda la banca, de las empresas explotadoras de los recursos naturales y la tierra. Olvidó que el estado debe ser el proveedor de la salud y educación;  la salud y la seguridad social siguen en manos privadas.   

 Hay que dar respuestas contundentes a las agresiones internas y externas, por ejemplo, endureciendo las penas contra los conspiradores (¿pena capital y/o  cadena perpetua?)  ¿Cómo la pasaría en EEUU un malandrín como Capriles? Y si no aceleran los pasos hacia colectivización y planificación de la economía  el pueblo va a creer que da lo mismo chavismo que caprilismo, desde ya el chavismo debe irse despidiendo, pues en las próximas elecciones, si es que antes no le han arrebatado el poder,  el chavismo no verá ni de lejos el palacio de Miraflores. Ese golpe no lo quiere la Latinoamérica revolucionaria. Latinoamérica  necesita las armas de las FARC-EP y un Chavismo fortificado.

DMV. UN. MSc. Economía. UPJ. Profesor universitario.
Publicar un comentario