lunes, 6 de mayo de 2013

POR QUÉ SOCIALISMO Y NO CAPITALISMO, Y CÓMO CONSTRUIR LA SOCIEDAD SOCIALISTA



 LIBARDO SÁNCHEZ GÓMEZ*

El  modo en que las personas se relacionan con el mundo físico y   socialmente entre ellas está  relacionado de manera necesaria y específica.  Para Marx: “el conjunto de las relaciones constituye la estructura económica de la sociedad, o sea, la base real sobre la cual se alza una superestructura jurídica y política y a la cual corresponden formas determinadas de la conciencia social”, y agrega: “…el modo de producción de la vida material condiciona el proceso social, político y espiritual de la vida. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino al contrario, su ser social es el que determina su conciencia”. De acuerdo a lo anterior, el orden social y sus cambios tendrán que buscarse en el modo específico de producción que domina una sociedad.  Sostiene, también, que el modo de producción “da forma al modo en que se produce la distribución, la circulación y el consumo, todo lo que constituye la esfera económica”, y que:  “…El carácter y la estructura de toda sociedad se hallan determinados por el modo de producción imperante. Al cambiar este modo de producción, cambia también todo el régimen social, cambian las ideas políticas, jurídicas, religiosas, artísticas, filosóficas y cambian las instituciones correspondientes. El cambio de modo de producción constituye una revolución”. Destacado es propio.

En el capitalismo las relaciones de producción se sustentan en la propiedad privada de los medios de producción de manera exclusiva por parte del capitalista.  El  trabajador  solamente es propietario de su capacidad de trabajo. Así mismo, la producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso.  Y, por otra parte, las relaciones de producción se dan entre el propietario  y el desposeído (asalariado) siendo el fin último del capital   acumular riqueza, ¿y quién puede hacerlo? Pues el dueño de los medios, luego un individuo se hará cada vez más rico y el otro más pobre.  En el socialismo las relaciones son entre iguales y el fin último está en satisfacer las necesidades de todos. En el capitalismo las relaciones entre los hombres son también de explotación, pero sutilmente disfrazados de la libertad del trabajador para vender su fuerza de trabajo al mejor patrón.  Al respecto         Maj Sjöwall / Per Wahlöö, Los terroristas (1975) dice: “Creo que la gente sabe perfectamente que le están engañando y estafando, pero la mayoría tiene demasiado miedo o están demasiado cómodos para decir algo”.

      La  inequidad y la injusticia son inherentes al modelo capitalista ya que no permite lograr ningún tipo de equilibrio. Por ejemplo, el equilibrio   Paretiano “implica una situación que no se puede modificar sin perjudicar por lo menos a un individuo”. En términos generales Vilfredo Pareto (Optimalidad de Pareto)  dice que  para mejorar la situación de un individuo hay que desmejorar a otro. Así que si bien  “se resuelve el óptimo individual no se resuelve el problema del óptimo social donde no sólo es relevante la asignación de los recursos, sino también la distribución de la renta”. En el socialismo, por el contrario,   pueden haber situaciones que no son óptimas de acuerdo con Pareto, pero que, sin embargo, son preferibles desde el punto de vista general, por ejemplo, si el 99% fuese el dueño de todos los bienes y solamente el 1% de los individuos   los desposeídos, al revés de como ocurre hoy en el mundo, tendríamos un planeta maravilloso.

No  capitalismo porque no ha superado   lo que Thorstein Veblen llamó "la fase depredadora" del desarrollo humano. El  verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo.  Además, “el socialismo   está guiado hacia un fin ético-social algo de lo que carece el capital”.

En el capitalismo los seres humanos  están condenados  a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.   La  situación social mundial, hoy, ha llegado a que sea  imprescindible, para asegurar una existencia permanente, la división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo. De igual manera el consumismo es una enfermedad que ataca a jóvenes y adultos. Es totalmente válida    la apreciación de A. Einstein en Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949:    “…la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo”.

Las oligarquías del capital privado son tan enormes   que no se pueden controlar, esto en parte es debido a que los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, siendo financiados e influidos   por los capitalistas privados. Por otra parte los capitalistas privados   controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información, como la prensa, la radio, la televisión y la educación. Respecto de la educación se debe  destacar que  se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante,  entrenándole para adorar el éxito codicioso como preparación para su  futuro desempeño profesional.

No al  capitalismo porque es una forma de pillaje, pues  “por las relaciones sociales que éste implica, y que guardan mucha relación con la apropiación privada del excedente producido colectivamente” el propietario se queda con la mayor parte de las utilidades (plusvalía)   Así que    “El   capitalismo no puede refundarse ni reformarse, porque ha colapsado y, además, porque ello es indeseable”  Josep Manuel Busqueta (2013)

Al hombre no le conviene un sistema de libre mercado basado puramente en el beneficio individual, pues  nunca producirá ciertos bienes cuya producción sería conveniente para toda la comunidad; además, los capitalistas casi nunca afrontan los costos  de la polución ambiental. Así mismo, “la masificación del consumismo ha llevado a una dinámica de producción que consume los recursos naturales a un ritmo mucho más elevado del que se produce, amenazando la sostenibilidad del planeta”.   Y en  sus pútridas entrañas   el capitalismo digiere la ética   transformándola  en metabolitos residuales  tales  como ambición,  insolidaridad,  robo y    asesinatos ya sea por necesidad o por el vicio de acumular.

Alguien dijo que si la humanidad quiere salvarse,  a escala global  hay que   sustituir los intereses minoritarios en la sociedad por los de la mayoría de la población. Y que la  posibilidad o no de alternativas de hacer avanzar la sociedad hacia una sociedad menos contradictoria  depende de la correlación de fuerzas políticas; hay que crear las condiciones suficientes y necesarias para adelantar la evolución y revolución social.

Tener  presente que las alternativas de trasformación de la sociedad surgen de la interacción de   factores como:
1-           Los “Sujetos  de cambio”.
2-           Los  “Instrumentos de transformación” (cooperativas, asociaciones, asambleas, etc.)
3-           Los  “Procesos de transformación”.

Es bueno  aclarar que no  basta con el desarrollo de uno de los factores  si no que deben darse todos, por ejemplo, se requiere de   una masa crítica que aspire al cambio social. Y en el caso de las  cooperativas por sí solas tampoco implican transformación alguna; incluso, organizaciones como las asambleas constituyentes de base sin una clara orientación no llevan a ninguna parte.

Para  valorar las posibilidades de construir una alternativa, han de considerarse, como Lenin hizo en su día, recuerda Busqueta”, otros tres elementos: “poder político”, “capacidad económica” y “conciencia social”.

En un foro de discusión ideológica en Centroamérica  se propusieron  como   características  necesarias para construir una sociedad alternativa al capitalismo las siguientes:
a-           Que   el sistema de propiedad sea colectivo (no privado) y funcione mediante cooperativas o fórmulas de propiedad comunal.
b-           Un  régimen de producción comunitario que no derroche recursos. Y, fundamental, que exista una administración eficiente.
c-           Un  sistema de distribución equitativo, es decir, que todo el mundo pueda satisfacer sus necesidades básicas.
d-           El  poder horizontal, no jerárquico ni despótico.   “Es  preciso establecer una nueva mirada horizontal, reticular, plural, capaz de afrontar los desafíos del presente”.
e-           Una  organización política de las emociones.
f-             Que  el nuevo sistema de valores y afectos potencie el bien común.

Dice  Josep Manel Busqueta que: “el individuo como categoría social al margen de la sociedad es una patraña ideológica que sirve para el desarrollo del capitalismo; sólo desde la mejora colectiva podremos proyectarnos individualmente en la sociedad”.

Y V. I. Ulianov, Lenin, en Qué hacer (1902), manifiesta que un partido político debe tener: “una estructura flexible, atravesada por una idea común, cuyo proceso de toma de decisión sea alimentado, en rigor, por los impulsos de realidad recibidos por las extremidades de los tentáculos”.

Además de tener  en cuenta lo anterior para que sea  posible  articular una sociedad diferente hay que formular:
a-           Proyectos  de municipalismo alternativo.
b-           Iniciativas  de economía social.
c-           Finanzas  éticas – agroecología – sindicalismo – nada de antropocentrismo.
d-           Medios  de comunicación alternativos.
e-           Manifestaciones  masivas que  contribuyan a visibilizar los problemas.
f-            Desarrollar  proyectos concretos en los barrios, comunas, veredas.

David Schweickart (2012) apunta cuatro criterios que debería incluir la democracia económica:
1-           Control  social de los medios de producción.
2-           Control  público del sector financiero.
3-           Planificación  económica con participación social.
4-           Control  social de los bienes producidos.

La  economista   Etxezarreta (2013) propone las siguientes estrategias  de desarrollo:
-                      Autocentrado.
-                      Participativo.
-                    Considerar  las potencialidades del territorio y el trabajo asalariado digno.
-          Autonomía  respecto a los mercados mundiales.

 Manuel Busqueta, piensa que se deben  adoptar  modelos diferentes de consumo, “más austeros, menos obsesionados por el consumo individual y más predispuestos al reencuentro a través de la colectividad”.  De otro lado opina que: “Hay que basarse en lo obvio”.   Para Él no  sirven los discursos académicos ni excesivamente elaborados. “La gente pide paz, pan y tierra. No se interesa por las ambiciones geoestratégicas de los gringos.”   

Las   circunstancias actuales exigen    formas de organización adaptables al terreno. Manuel Fernández Cuesta (2013)  El diario.es, dice: “Si la lucha política actual tiene un fuerte componente de descontento social y emocional, la estructura combatiente tiene que albergar también lo emocional. Emoción y política ya no pueden separarse”. El mismo Fernández afirma que: “Las estructuras populares defensivas son indispensables para condicionar el comportamiento de las fuerzas armadas en situaciones críticas. La conducta de esa institución en gran medida depende de la capacidad popular para actuar en forma directa y organizada contra los fascistas”. No olvidar que la burguesía tiene en sus manos las armas y está lista a usarlas ante cualquier situación que amenace sus privilegios.

Estas son apenas unas ideas que recorren el camino de las transformaciones sociales tras un nuevo amanecer, y que pretenden como dice Constantino Bértolo en la antología Lenin,  El revolucionario que no sabía demasiado (Catarata, 2012) “lo que Lenin pretende es una organización capaz de responder a la emergencia de lo nuevo”.

*DMV. UN. MSc. Economía, P.U. Javeriana. Profesor universitario.
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